Ir al contenido

Lucha campesina = pobreza campesina.

Publicado por Siglo Veintiuno, marzo de 2012.

Pienso que los ideólogos de los dirigentes campesinos, esos que han sembrado en sus mentes las ideas que esgrimen, los han embaucado y ellos –los dirigentes campesinos—han llevado por décadas a sus seguidores a ser artífices de su propia desgracia.

Esos ideólogos, algunos en universidades del primer mundo, otros en institutos de investigación de algunas universidades estatales iberoamericanas, en fin, la mayor parte de ellos pontificando desde “la torre de marfil”, les han inculcado a los dirigentes campesinos de Iberoamérica entera una serie de teorías falsas y destructivas.

Así, los dirigentes del CUC o sus equivalentes de Bolivia, Perú o el Ecuador, se han aprendido el “credo” y enseñan el “evangelio” de la lucha campesina.  Entre los artículos de ese “credo” están que, antes de la llegada de los españoles, los ancestros de los campesinos de hoy eran los dueños de las tierras en donde se están abriendo las minas, erigiendo las plataformas petrolíferas, instalando las turbinas de las hidroeléctricas o desarrollando cultivos altamente mecanizados.  Nada importa que no sea exactamente en esas “X” hectáreas en donde hayan habitado sus ancestros como tampoco que, antes de ellos, otro pueblo precolombino haya sido desplazado por la brutal fuerza de la conquista.  Tal parece que el tiempo siempre se cuenta a partir de la conquista española para determinar quiénes eran los “ancestros” con título, perdiendo todo derecho los pueblos precolombinos anteriormente conquistados, desplazados o diezmados.  Otro artículo de ese credo es que los campesinos han nacido para serlo para siempre y, por tanto, el “evangelio” de la lucha campesina enseña que no hay otro destino que el cultivo de la tierra.  Y, como esa tierra era de los ancestros hace quinientos años, hay que reivindicarla “pacíficamente” pero dejando claro que, cuidado, las cosas siempre pueden llegar a un “estallido social”.

Por décadas los campesinos han marchado tras sus dirigentes y, con ello, naturalmente, han logrado desincentivar la inversión productiva nacional o extranjera en diversa medida, así como también desperdiciar fondos públicos en proyectos utópicos más o menos significativos. Peor aún, se han cerrado a sí mismos las puertas del desarrollo.

Al desincentivar la inversión con sus marchas, bloqueos y ocupaciones “pacíficas”, los campesinos hacen realidad su propia profecía pues, en lugar de que haya nuevas plantas industriales, empresas agropecuarias o proyectos mineros y petroquímicos, con todas las actividades comerciales, de transporte, de servicios y de construcción que les son conexas y pudieran ser la base real para que esos campesinos pobres mejoren de condición y cambie su destino, al final no les queda más que volver a exigir otra parcela de tierra.

Una de las peticiones que traen los que esta semana han marchado desde Alta Verapaz es que el Estado les condone una deuda de Q150 millones que nunca podrán repagar a FONTIERRAS; y yo me pregunto: ¿cuántos millones más habrá que desperdiciar y cuántas oportunidades de desarrollo real habrá que malograr en aras del “evangelio” de la lucha campesina?

Eduardo Mayora Alvarado.

Publicado elEconomíaPolítica

2 Comentarios

    • mayora mayora

      En relación con el contexto en que se alude a mi artículo, es decir, como integrando una “campaña”, creo que, simplemente, se yerra. Sustento lo que afirmo con la evidencia de veinte años de periodismo de opinión en que, coherentemente, he expresado mi pensamiento liberal. Lo haya hecho bien o mal, a gusto o disgusto de unos u otros lectores, éstos han de ser los jueces. Pero, como parte de una campaña, ni me hace falta ni me interesa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *